martes, 5 de enero de 2010

The Squid and the Whale


Usualmente no me gusta ver tele, primero porque casi siempre es una absoluta pérdida de tiempo y segundo porque mi cable tiene el contrato más barato, así que mi canal más "pro" es el FOX. Pero como estos flojos primeros días de vacaciones me tienen un tanto estancado en la casa, aparte de jugar Super Nintendo (sólo juego Mario All Stars, aunque me di vuelta todas las cuestiones hace tiempo) y leer un rato, sólo me queda optar por ver algún DVD, y si ya no tengo películas, busco alguna en el I-sat o veo si milagrosamente en algún otro canal hay algo bueno.


Una de las cosas interesantes que he pillado fue hace un par de noches "The Squid and the Whale". No sé por qué me llamó la atención y me quedé viéndola, y sin tener en cuenta que la porquería de canal salía a comerciales a cada rato (AXN), valió la pena. En realidad no sabía por qué me gustó ni porqué estaba tan pegado, porque a decir verdad era una historia bastante corriente y súper simple. Trataba de los conflictos entre unos padres divorciados y la manera en que esto afectaba a sus dos hijos, Walt y Frank. Ambos padres eran escritores, sólo que la madre, Joan, era más exitosa, mientras que Bernard vivía de manera mediocre y al parecer estaba algo inactivo. Se repartían los días de la semana para compartir con sus hijos y éstos empezaban a verse un tanto divididos entre sus padres, tomando ciertas preferencias por uno o por otro. (A todo esto, es la historia real de la vida del escritor y director de la película, que es representado por uno de los hijos)

La cosa es que anoche recién se me ocurrió un posible sentido para el extraño final (pues la progresión de la historia según mi parecer estaba muy disimulada, y el final no podía ser más raro). Durante la película, Walt, el hijo mayor, había participado en un concurso de talentos en su escuela y obtuvo el premio mayor que eran cien dólares. Había cantado guitarra en mano "Hey you" de Pink Floyd como una composición propia y nadie se dio cuenta, hasta que más adelante lo descubrieron y citaron a sus padres para que devolviera el premio y además decidieron que debía asistir a una terapia. Al psiquiatra le dijo que la razón de haber presentado dicha canción fue que sintió que él mismo la pudo haber escrito. A petición de aquél, trató de recordar alguna situación cualquiera de su vida que recordara, y entre otras cosas, le contó que cuando niño solía ir al museo de historia natural con su madre, pero que evitaba mirar la representación de un calamar luchando contra una ballena, porque le daba miedo. Al llegar a la casa, comentaba todo lo que había visto con su mamá y le pedía que le describiera la escena, y aunque seguía sintiendo miedo, le gustaba.



Más adelante, a Bernard, su padre, le da un infarto en la calle y es Walt quien lo acompaña al hospital. En un momento, sale a buscar a una enfermera para pedirle que lleve almuerzo a su padre, y en vez de volver a la sala, sale corriendo del hospital directo al museo. Al llegar, se queda mirando fijamente la recreación del calamar gigante luchando contra la ballena.

Y eso, se acaba la película.

Lo que se me ocurrió anoche fue que el final está cumpliendo una especie de función metalingüística. Me quedo pegado y me entretengo viendo la desgraciada infancia del director hasta el final, aun con lo insípida y a veces amarga que es, pero todo porque es una película. De la misma forma a Walt le entretenía cuando su madre le describía lo que a él le daba miedo mirar de frente, pero sólo al final es capaz de enfrentarlo directamente. Podría pensarse que es el momento para que se tome en serio sus problemas y tome más conciencia, pero en realidad es el mismo director quien vuelve sobre su propia historia para enfrentarla a la manera inversa: haciendo una película. Bueno, es obvia la tontera, pero me di cuenta tarde.




ehm... eso.

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